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Bienvenido al weblog del proyecto de participación comunitaria de adolescentes y jóvenes "Aprendiendo entre todos a relacionarnos de forma saludable" del centro de salud Manuel Merino de Alcalá de Henares.
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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2004.

¿Te sientes acosad@ en el colegio o instituto?

violencia_mujer.jpgEl colegio o el instituto ya es de por sí suficientemente difícil sin que te hagan comentarios sobre tu cuerpo en los pasillos, te pellizquen el trasero en la clase de gimnasia o te escriban “gorda” o “maricón” en tus cuadernos. Muchos son los comportamientos que pueden causar que un / a estudiante se sienta incomodo / a o que no desarrolle con normalidad sus actividades escolares (como poner atención en clase, jugar en un equipo deportivo o cruzar con tranquilidad los pasillos o el patio del instituto).

Se puede considerar acoso escolar a toda conducta no deseada que daña la habilidad del alumno para participar en programas escolares. Pero el acoso escolar es un tema complicado.
Hay casos claros de acoso. Si una persona que trabaja en el centro educativo te chantajea dándote un premio si aceptas sus propuestas o castigándote si las rechazas, eso es acoso. Si un compañero te amenaza e intimida para que le hagas los deberes, le pases las soluciones de un examen o le dejes una prenda de vestir, también. Pero las cosas se vuelven más confusas cuando estamos hablando de otro tipo de acoso más sutil: acciones que aisladamente no son acoso, pero que sí se repiten en el tiempo pueden considerarse acoso. Por ejemplo, si un chico le pide una cita a una chica, aunque ella no este interesada en lo mas mínimo, no se considera acoso. Pero si él le sigue preguntando una y otra vez de forma amenazante, eso sí es acoso.

Todos conocemos ejemplos de comportamientos que se pueden considerar acoso si suceden regularmente:
- Gestos, silbidos, miradas (amenazantes, lascivas, sobre determinadas partes del cuerpo,...)
- Frotar o tocar determinadas partes del cuerpo del otro (palmaditas en los muslos, en las nalgas,...) o de uno mismo (genitales) delante del otro
- Mostrar pornografía o fotos sexistas o contar chistes o historias sexuales o pedir sexo
- Pintadas insultantes en un escritorio o en las paredes del baño (escribir cosas como "Laura es una puta", “Jorge es maricón”)
- Invadir el espacio personal de una persona (pararse demasiado cerca a uno / a de manera que le haga sentir incomodo / a)
- Presionar a alguien (para salir en una cita, para que le deje su cazadora,...)
- Difundir rumores o hacer bromas pesadas desprestigiando al otro
- Hacer el vacío, no saludar, no contar con el otro para las actividades

Y cómo sé si no estoy malinterpretando al otro. Si no estás seguro / a si te están acosando, hazte esta pregunta: ¿te sientes bien o mal? El acoso hace sentir mal. Y la mayoría de las veces a las dos personas: al acosador y al acosado. Si te ves con fuerzas suficientes, plántale cara y déjale claro tus sentimientos. Si consigues que se ponga en tu lugar, hay más posibilidades de que la cosa se pare.

Pero si no para, cómo pelearlo. El acoso te puede hacer sentir triste o impotente. Recuerda que:
- Siempre puedes buscar ayuda y no lo tienes que aceptar.
- Si lo comunicas, los centros educativos tienen que llevar a cabo acciones. Díselo a tu tutor / a o al jefe de estudios o habla con el orientador de tu instituto.
- También puedes acercarte al CIDAJ (C / San Felipe Neri, 1) o a los talleres y la consulta joven de promoción de la salud del adolescente del centro de salud Manuel Merino (C/ Manuel Merino, esquina con el paseo del Val, enfrente del centro comercial El Boisán).
- Si no te atreves de palabra, una buena idea es anotar los incidentes, escribirlos en un diario y enseñarlo a una persona de confianza que te pueda dar apoyo.
- No te sientas raro / a: hay muchos jóvenes que les ha sucedido o les sucede lo mismo.
- Cuando se metan con vosotros, no perdáis el control (se meterían aún más)
- No os riáis si os toman el pelo (les daría la idea de que os gusta que se burlen)
- Limitaos a mirarles fijamente a los ojos y decir algo como “¡A ver si crecéis!” o “Eso tiene tan poca gracia...”. Acabarán dejándoos en paz porque les habéis transmitido directamente el mensaje de que no pueden sacaros de quicio. Que no os dejáis avasallar.

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